viernes, 25 de noviembre de 2016

Luces

A veces es mejor dejarlo pasar, me digo a mi misma. Dejarlo pasar, olvidarte de lo que piensas y seguir con el mismo mecanismo de siempre. Eso es lo fácil, nos nos vamos a engañar. El problema es cuando te gusta complicarte la vida. Cuando prefieres sentirte viva aún sufriendo, a no sufrir pero sentirte muerta. Si todo sucede por alguna razón, si el destino ha querido que ahora y aquí se nos haya encendido una luz que nos marca otro camino ¿por qué no seguirlo? ¿por qué no jugarlo todo? 

Sigue las luces y sal de las sombras, me enseñaron de pequeña. Pero se olvidaban de que en alguna parte, la luz, siempre provoca una sombra. No sé si me estoy explicando.  Pero es que el sol, con toda su inmensidad, aún no ha conseguido que sea de día a la vez en Nueva York y en Roma. No hablo de usos horarios. No hablo de verano o invierno. No hablo de cosas, que en realidad está en nuestra mano cambiar. Porque cuando se tienen ganas, joder, cuando se tienen ganas he visto parques que han tenido más luz a las dos de la madrugada que a las cuatro de la tarde. Cuando se tiene ilusión, he visto como el más frío de los inviernos se tornaba precioso. 

Si en una cosa están de acuerdo los dos órganos más enemistados de nuestra compleja anatomía, es que vivir sin complicaciones y con pasividad, es estar muerto. Y yo creo que a partir de ahí empezaron las disputas entre estos dos. Cuando lanzaron a un cuerpo a hacer lo que más deseaba sabiendo aún que en algún momento del recorrido luminoso, habría una sombra. 
Pero de verdad, de verdad os digo, si que si a pesar de todo esto, en un determinado punto de la historia, no precisamente en el pico, situémonos en un hoyo. Si en este determinado punto de la historia, nos preguntasen si volveríamos a ir tras esa luz sabiendo todo lo que vendría detrás, lo volveríamos a hacer, y nuestra respuesta es sí... Si es así, o estamos como una puta cabra, o podemos estar orgullosos de nuestra vida.

Y tú, ¿lo volverías a hacer?


La Tercera Gracia.

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