miércoles, 7 de octubre de 2015

Inexplicable

Cada mañana suspira. Se levanta y entiende que todo empieza, pero no lo asume. Sabe a quien tiene que sonreír y a quien no. Aún sabiéndolo, su carácter le puede, para bien o para mal, qué más da. Siente que es tarde, pero no del todo. Tal vez mañana, o pasado, pueda ser todo diferente, o por lo menos algo. Piensa a la vez que se consume, se consume a medida que piensa que los años le han robado cosas, historias, vida y vidas. Y se pone esa canción que intenta cantar, pero se le entrecorta la voz. Entonces aún entiende aún menos, si cabe, el azul del mar, los pájaros volando por el cielo y por la cabeza de muchas personas, e incluso no entiende ese mono que le provoca el ver un cigarro cuando no acostumbra fumar. Todo se había vuelto extraño, como si quisiera salir de la vida que antaño soñaba. La luz del día le aturdía y la oscuridad de la noche le encendía, dando tregua a sus más bajos instintos. 

La Tercera Gracia

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