jueves, 20 de junio de 2013

Me declaro náufraga.

Una canción y un montón de libros al lado. Lengua castellana y literatura, Nietzsche, un diccionario de latín, e incontables recuerdos. Esos libros sólo son la reseña de un tiempo pasado. De una etapa preciosa de nuestras vidas, de la mía por lo menos. Quería que pasara rápido, y ahora me gustaría tanto volver al pasado... A los patios aburridos, las clases interminables, pero eso sí, siempre sonriendo, con días peores y mejores, pero siempre con abrazos, sonrisas, quizás alguna lágrima entrañable, profesores increíbles, que me enseñaron a ver la vida de otra forma, o quizás ahora esté hablando de una en especial. Cuánto la voy a echar de menos; cuánto voy a echar de menos absolutamente todo de aquel edificio que parecía una cárcel por su sirena, y porque al fin y al cabo, nos obligaba a pasarnos los días entre libros, que antes eran odiosos, y ahora se han convertido en entrañables recuerdos, de un tiempo que sin darme cuenta, ya ha pasado. Toda la inocencia, todas las ilusiones, todas las ganas de crecer... Ahora no quiero hacerlo. La verdad es que da miedo. Sé que ahí cambié mucho, muchísimo, yo diría que esas paredes me han visto evolucionar de una forma increíble. 
Y hoy, un día antes de que sepa las notas para lo que me he estado formando toda mi vida, la temida Selectividad, no sé si las quiero saber. 
Sin embargo el paso del tiempo nos obliga a crecer. Es cierto. En mi cuento la esfera divina poco se relaciona con la humana. Pero Sófocles tenía razón con la tragedia de "Edipo Rey", el ser humano es vulnerable ante los presagios del destino. 
Así que hoy me declaro náufraga. No sé dónde iré, ni tampoco dónde quiero ir, ni si quiera hacia dónde me guiará el destino. Dejémonos llevar.



Carla#

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