sábado, 18 de enero de 2014

Lluvia de enero.

Sonó la alarma del móvil, y de repente escuché llover; una de esas lluvias de invierno frío, con truenos, relámpagos y calles inundadas. Pero de momento, me di cuenta de que estaba abrazada a él mientras dormía.
 Comprendí que nada más perfecto que eso podía suceder en ese momento y tal vez, en ninguno. Que el amor ni se compra, ni se vende, ni siquiera se fabrica. El amor es algo tan jodidamente inexplicable que hace que nos quedemos sin palabras en los momentos menos oportunos, o a veces, en los más oportunos, eso que sin buscarlo, es más, rehuyéndolo, contradictoriamente, lo encuentras.
Y esta mañana cuando me desperté así, comprendí que no quería nada más, que me daba todo absolutamente igual, que esas hojas llenas de apuntes podían esperar, que no me importaba
que el móvil sonara, o que el mundo se cayera a pedazos. Estaba apoyada en su pecho mientras él dormía abrazado a mi. ¿Y sabéis qué? No existe paraíso mejor que ese.


Carla#



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