viernes, 4 de marzo de 2011

Donde duele, inspira.

Hoy no me consuela el intentar estar más guapa, el ponerme tacones y ese vestido con el que me suelo sentir una reina y con el mismo que suelo deslumbrar. Parece mentira que yo diga esto, pero se ve que cuando estás realmente mal valoras las coas que crees que no tienen la mínima importancia, cosas como alzarte 10cm por encima de tu altura con un pelo espectacular y un vestido que piensas que no está mal. Ahora me paro a pensar y pienso lo afortunada que soy esos dias. Hoy tampoco me consolará una copa llena de ese líquido que sabe a mora o a fresa, y con el que suelo terminar a carcajada limpia. He intentado provar con los momentos felices que me quedan en el bolsillo, pero tampoco ha sido suficiente. Hoy cambiaría cualquier cosa por un esbozo de sonrisa.
¿Sabeis? Hoy he dejado de taparme los ojos, me he decidido a abrirlos de una vez por todas. Esto no es un cuento, ni una película, no es ni siquiera una serie, que ni soy Sara Miranda, ni estoy en San Antonio, ni mis grandes amores son Lucas Fernández ni Aitor Carrasco, entre otras cosas porque yo sólo tengo uno. Se que esto ya no tiene más capítulos, y me he concienciado de ello. Quizás por eso desde que me he dado cuenta mi cara no ha dejado de estar húmeda. Me he dado cuenta de que MI SUEÑO, ese sueño por el que llevo luchando tanto tiempo, jamás se cumplirá; pero es lo que hay... En ocasiones las cosas cuestan, pero al final llegan, en otras no cuestan y directamente llegan y finalmente están las que costando lo inimaginable, nunca llegan. Y se tiene que asumir. Yo estoy en esa fase, estoy intentando asumir lo inasumible, lo que hace que se separe mi tierra de mi cielo, la raya que divide la alegría de la tristeza y que ahora me empuja hacia este último lado. A todas en la vida nos tiene que pasar esto alguna vez, ¿no? O por lo menos eso debo pensar...
Ahora me cuesta respirar, y espero con ansia el momento final, sé que no tardará en llegar, y tengo miedo, tengo miedo como jamás lo había tenido. Pero intento hacerme la fuerte y llorar cuado no me ven, no me importa por el momento, porque sé que va a haber tiempo de sobra para que me vean. No lo voy a esconder, entre otras cosas porque tampoco voy a poder. Me conozco, y sé que lucho hasta después de que la esperanza esté perdida, y al igual sé que soy lo más inestable del mundo, y que no me importa llorar en público, no tengo nada que esconder. Soy así. Y lloraré al mismo tiempo que saldré cada noche de fiesta a intentar buscar una solución para olvidar, obviamente inexistente, y concienciada de que al llegar a casa absolutamente todo seguirá igual, segura de que al llegar sabré que todo ha sido un paréntesis en mis pensamientos.
Hoy, mejor dicho en estos próximos dias se acabará todo. Y ya no puedo decir que seguiré luchando, más que nada porque ya no hay nada por lo que luchar. No me rindo, simplemente las cosas, los sueños, se acaban y tarde o temprano hay que aceptarlo.


Carla.

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